14 noviembre 2008

Córporis mystérium

Nada más revolucionario que el cuerpo humano. Por alguna razón, nada extraña, cada vez que el hombre o la mujer, quieren que su actitud no pase desapercibida, se desnudan. Nada, pues, más revolucionario que la desnudez. Basta acordarse de Lady Godiva, de Adán y Eva incluso, siempre desnudos en un extraño paraíso inhabitado, aunque sí habitable. El mismo día en que el hombre inventó el vestido para hacer frente al frío que pela, descubrió el placer de desnudarse, su estado natural, al que, ya sea en la playa, en casa o a caballo por la ciudad, quiere volver.
La desnudez es algo más que una figura poética, y más que una figura sexual o una simbología del placer. Llevamos unos años inmersos en la moda de los calendarios en bolas o sugerentes, protagonizados por el cuerpo de bomberos, la policía municipal, las madres que reclaman un colegio para sus hijos, los o las deportistas sin becas ADO. Todos, por unas razones u otras, cuando quieren llamar la atención, se fotografían desnudos vestidos de noviembre o mayo, con mayor o menor espíritu artístico.
Leer más... http://www.elpais.com/articulo/pais/vasco/Corporis/mysterium/elpepuespvas/20081114elpvas_7/Tes

1 comentarios:

Helènic Glauc dijo...

El desnudo tiene fuerza; quiza porque es un retorno al origen, a la esencia. Quizá porque despierta recuerdos genéticos de tiempos más duros pero a la vez más naturales y más auténticos. Quizá porque nos iguala, nos une como especie, nos hace formar parte del paisaje en lugar de convertirnos en visitantes asépticos e inadaptados. La desnudez es un retorno a lo humano.